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EL OBSERVADOR -
Montevideo
Enero de 2012
por Mayte de León,
enviada a Punta del Este
“Para ser buen empresario
hay que ser buena persona”
Emprendedor
El argentino Manuel Mas es el socio de Francis Mallmann en el restaurante Garzón de Maldonado. Los
vinos de su bodega mendocina, Finca La Anita, acompañan la cocina del reconocido cocinero.-
Un caballo. Eso fue lo primero
que vieron los argentinos
Manuel Mas y
Francis Mallmann al entrar al
viejo y tapiado local que supo funcionar
como almacén de ramos
generales de Pueblo Garzón, en
el departamento de Maldonado,
muy cerca del límite con Rocha.
Un año después, en el verano del
2005, el almacén se convertiría
en el Hotel y Restaurant Garzón.
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“Estaba abandonado y había
un criollo que tenía una pieza al
fondo y lo que era el comedor lo
tenía como un box para el caballo”,
contó Mas, socio del mediático
chef Francis Mallmann en el
emprendimiento, y dueño de la
bodega mendocina Finca La Anita,
proveedora de los vinos que se
consumen en el lugar.
Un verano, Mas estaba almorzando
en Los Negros, el restaurante
que Mallmann tenía en
José Ignacio. Su amigo y futuro
socio se le acercó y le comentó
que tenía ganas de mostrarle
algo. “Agarramos el auto y vinimos
por un camino de tierra que
no terminaba más y llegamos
acá, a este pueblo en el que no
había nada. Era un pueblo que,
sin querer ser ofensivo, se estaba
extinguiendo”, recordó Mas.
La idea de Mallmann era instalar
un hotel y restaurante para las
personas que no estaban interesadas
en pasar todo el día en la playa
y sí en un lugar con más tranquilidad.
“Francis me dijo que
podríamos hacer una especie de
‘joint-venture’, comprar la esquina
–él se ocuparía de los aspectos
gastronómicos– y hacíamos un
negocio juntos. Conociéndolo a
Francis, me pareció una apuesta
divertida”, explicó el empresario
argentino.
Un año después, Garzón abría
sus puertas, con la comida de
Mallman y los vinos de Finca La
Anita. Para Mas, los primeros
dos años “fueron un poco duros”.
Invitaba a amigos que estaban
de vacaciones en Punta del Este
y los llevaba a comer alguna noche.
“Les encantaba y después no
volvían más, porque tenían muchas
otras opciones más cerca”,
explicó. |
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El problema serio
con el dólar
Mas sostuvo que en argentina
hay un problema “serio” debido
al valor del dólar. “Los costos
locales suben y, si estás exportando
a determinado precio en
dólares, cada vez te da menos
valor en pesos”, dijo.
aumentar los precios en dólares
no es una solución posible: “a
los extranjeros no se les puede
vender más caro porque en
argentina hay una inflación
alta, a ellos no les importa”,
argumentó.
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Pero de a poco “empezó a caer
gente”. Uno de los primeros fue
un inglés, coleccionista de arte,
que pasó una semana en el hotel
y decidió construirse una casa en
el pueblo. A él le siguieron otros
extranjeros que veían en el pueblo
un lugar como salido de otra
época. “Comparado con Europa, esto es las antípodas. Es un lugar
no contaminado, donde todavía
hay sapos, luciérnagas, todas esas
cosas que allá ya se han perdido”,
apuntó Mas.
Cree que en algunos años Pueblo
Garzón se va a convertir en un
“pueblo del interior, algo que en
Europa hay mucho. En el sur de
Francia está la opción de la Costa
Azul y lo que ellos llaman ‘el
país de adentro’, para gente que
no quiere estar en una playa en la
resolana todo el día”, dijo.
El empresario no teme que el
pueblo se convierta en un destino
que atraiga muchos visitantes.
“Los que se han hecho casas son
gente sin hijos. El típico matrimonio
con niños, bicicleta y tabla de
surf acá no tiene nada que hacer”.
Una bodega que busca calidad
Mas, nacido en la provincia de
Mendoza, tiene 67 años y es ingeniero
químico. Proviene de una
familia de médicos que nunca
tuvo nada que ver con la vitivinicultura.
La mayor parte de su vida se
dedicó a su profesión, “trabajando
como una mula”, hasta que en
1992 compró una finca antigua en
la región de Luján de Cuyo que al
poco tiempo ya estaba produciendo
vino y a la que bautizó con el
nombre de su madre a modo de
homenaje.
“A partir de mi visión empresarial,
más el origen mendocino,
armé Finca La Anita, que fue y
sigue siendo una bodega chica
superexitosa”, sostuvo.
| Mas confiesa que el éxito en los
comienzos fue “explosivo”. “En
muy poco tiempo los vinos pasaron
a tener mucho éxito. Me ocupé
de que la cosa fuera muy profesional”.
Por la época en la que inició
su negocio, “ni en Uruguay ni en
Argentina se había desarrollado
aún el mercado de los vinos. En
Uruguay el vino era para clericó”,
recuerda. |
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120.000
Es la producción anual en
botellas de Finca La Anita, la
bodega que tiene Mas en la
provincia argentina de Mendoza.
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La propuesta de Finca La Anita
apuntaba a la producción de vinos
de alta calidad. “En Argentina los
vinos se instalaron rápidamente
en los mejores sitios de comidas,
restaurantes y vinotecas. A partir
de ahí me empezaron a caer pedidos
para exportar”. Actualmente,
la mitad de la producción de la bodega
se queda en el mercado argentino
y la otra mitad se exporta.
De acuerdo a su dueño, los vinos
de Finca La Anita son los que
se exportan a precios más elevados.
Mientras que la mayoría de
las bodegas argentinas venden
al exterior a US$ 3 la botella, algunos
de sus vinos se exportan
a US$ 40.
En el exterior, los vinos se colocan
básicamente en Estados Unidos
y Brasil. “Ahora hemos tenido
la sorpresa de que se han interesado
unos importadores chinos”.
En diciembre de 2011, sus botellas
arribaron al mercado de ese país
asiático.
La crisis económica desatada
en 2008 no afectó las ventas al
exterior de Finca La Anita, indicó
su dueño. “La gente que consume
nuestros vinos no está sufriendo
la crisis. Estoy en un sector
donde, afortunadamente, no ha
pegado fuerte”.
Mas opinó que es posible conjugar
éxito económico con calidad
del producto. Y esto se empieza
a lograr haciendo vinos de muy
buena calidad. También, manteniendo
la imagen de la marca. Un
buen comportamiento comercial
y un trato no “leonino” con los
clientes son otros dos factores
para alcanzar el éxito.
“Creo que para ser un buen
empresario necesitás ser una
buena persona”, resumió. “Podés
ganar plata explotando a la gente,
no pagando los sueldos, haciendo
tramoyas comerciales, cambiándote
de un banco a otro, pero a mí
eso no me da placer, todo lo contrario”,
agregó.
Finca La Anita produce 120 mil
botellas al año. Una cifra reducida
si se la compara con lo que sale de
las grandes bodegas argentinas:
entre 2,5 millones y 3 millones
de botellas. El empresario nunca
quiso generar grandes volúmenes,
sino que apostó por una
producción reducida haciendo
hincapié en la calidad.
“Muchas veces me han preguntado
por qué no produzco más si
vendo todo. Porque no, porque no
quiero, porque quiero hacer cosas
pequeñas de calidad controlable.
Para mí esto es un placer y no un
emprendimiento empresarial de
esos que terminás con estrés”.
Es que su actividad en la bodega
es “como bajar los decibeles
y vivir de un proyecto divertido y
saludable”.
Cuando le preguntan a Mas
qué le hubiera gustado ser, contesta
“heredero”. Sin embargo,
todo lo que tiene lo consiguió
fruto de su trabajo. “Entonces ya
ahora quiero heredarme a mí mismo,
autoheredarme”, bromeó el
empresario. |
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